Retos compartidos entre República Dominicana y México en era digital

La relación bilateral entre la República Dominicana y México reporta beneficios mutuos reconocibles en las cifras de inversión o analizando los datos sobre los principales proveedores del país.

Si bien quedan esfuerzos por realizar para equilibrar la balanza comercial, los vínculos compartidos revelan su condición estratégica y de gran potencialidad. La historia y el presente político, por la consideración que López Obrador tiene hacia el Caribe, invitan a confiar en que se abre una etapa de oportunidades.

Notorias personalidades han contribuido a consolidar los lazos de amistad o confianza, pero quizá le corresponda a Pedro Henríquez Ureña ocupar el lugar más destacado en la creación de puentes de empatía.

Si bien tuvo experiencias adversas, fue capaz de sembrar su magisterio sobre una generación que nunca olvidaría su legado e inspiró debates que forjaron una parte de la cultura nacida después de la revolución de 1910.

Su profusa correspondencia con Alfonso Reyes o sus escritos compilados bajo el título “Estudios Mexicanos”, representan una valiosa radiografía de la vida socio-cultural mexicana de comienzos del siglo XX y recogen inquietudes intelectuales e incluso, preocupaciones personales.

Leer los escritos de Ureña sobre México no resulta sencillo. Su mirada, plagada de sutiles expresiones, escoge ángulos de la realidad cuya traducibilidad a otras fronteras no es inmediata.

Pero el esfuerzo en su lectura recompensa porque supo subrayar con acierto lo rupturista del período revolucionario o el desafío que significaba abandonar el mito del período de la reforma.

En el presente la relación República Dominicana-México puede definirse a partir de los retos compartidos, como la seguridad o la inmigración ilegal, y por ser socios potenciales para convertir el Caribe en un espacio turístico multidestino.

Junto a la agenda común de los gobiernos, la cultura popular impulsa formas de reconocimiento y un ejemplo actual es la emisión del programa “Exatlón” (realizado por TV Azteca y grabado en Samaná).
Desde la perspectiva institucional, el año 2018 nos deja tres situaciones que invitan a reflexionar sobre la buena salud de la relación bilateral:

1). Junio-julio: La valoración positiva y unánime de los partidos mexicanos a la labor desempeñada por el expresidente Leonel Fernández al frente de la misión de la OEA que se encargó de velar por la transparencia en las elecciones presidenciales. Recibió halagos generosos por su talante y talla política.

2). Septiembre: La visita del Ministro de Turismo Francisco Javier Garcíacon motivo de la feria IBTM Américas en la que la República Dominicana fue el país invitado. Sus encuentros con el Secretario de Turismo saliente, Enrique de la Madrid, y entrante, Miguel Torruco, dejaron constancia del deseo de dar continuidad a las alianzas existentes y de impulsar otros proyectos.

3). Diciembre: La asistencia del Presidente Danilo Medina a los actos programados el día en que Andrés Manuel López Obrador tomó posesión de su cargo como Presidente de México.

Obrador delineóla que será su política exterior en su investidura. Tuvo palabras de respeto hacia Donald Trump y Justin Trudeau (quienes se encontraban en Buenos Aires por ser miembros del G20), y agradeció a los Jefes de Estado, y a los Representantes de las diferentes delegaciones diplomáticas, que estuviesen presentes en su primer discurso presidencial.

Cada uno de ellos fue nombrado y aplaudido, salvo cuando se refirió a Nicolás Maduro (la oposición gritó la palabra “dictador” y colocó una pancarta en la que podía leerse que no era bienvenido en México).
Hubo presencias inusuales como la de Jeremy Corbyn, líder laborista británico, o la del cantautor Silvio Rodríguez. Y la propuesta de “transversalidad ideológica” quedó patentesi uno prestaba atención a los invitados que se dieron cita en los palcos que rodean al hemiciclo.
Reivindicó a través del uso de una metáfora su interés en fortalecer la unión de México con América Latina y el Caribe: “México no dejará de pensar en Simón Bolívar y en José Martí”. Un esquema que estará condicionado por la letra pequeña del T-MEC (el pacto comercial firmado por México, EEUU y Canadá).
Es cierto que la incógnita sobre si Obrador se decantará por el pragmatismo o perseverará en una posición de convicciones férreas, no ha sido despejada.

A pesar del impasse provocado por el largo período transicional, ya se han suscitado polémicas sobre su gestión y respecto a la actividad de los diputados/senadores de su partido.
Pero conviene no olvidar que en México es casi una tradición que la política exterior no sea unmero reflejo de lo interno.

Hasta la fecha cinco temas han generado controversia: el proyecto de seguridad pública en el que se otorga un rol activo a la guardia nacional; la decisión de no finalizar las obras del aeropuerto de Texcoco apoyándose en una consulta popular; la crítica ecologista a su plan de conectar por tren sitios arqueológicos mayas; las dudas sobre como dará respuesta a la crisis migratoria que experimenta Centroamérica; y cierta incertidumbre trasladada a las instituciones financieras fruto de una disparidad de criterios entre miembros del gobierno y representantes del parlamento.

Aún es pronto para medir el alcance de la transformación “espiritual” propuesta por Obrador. Sus partidarios anhelan que cumpla las promesas y sus detractores quieren confirmar sus prejuicios. El desencanto siempre persigue al entusiasmo.

Ante el contexto emocional descrito una frase de Pedro Henríquez Ureña tiene vocación de presagio: “Sobre la tristeza antigua tradicional, sobre la “vieja lágrima” de la gente del pueblo mexicano, ha comenzado a brillar una luz de esperanza”. Veremos si hay verdad en las profecías que predican los optimistas.

Fuente:elnacional.com.do